sábado, 12 de julio de 2008

LA POÉTICA MODERNISTA DE JOSÉ MARTÍ


Éstos
son mis versos. Son como son. A nadie los pedí prestados... Tajos son éstos de mis propias entrañas. Ninguno me ha salido recalentado, artificioso, recompuesto de la mente; sino que han brotado como las lágrimas salen de los ojos y la sangre sale a borbotones de la herida.

José Martí.


Poeta, en verso y prosa, y revolucionario en el arte y la política, José Martí (1853-1895) tiene una importante labor poética que progresivamente ha ido siendo valorada, con la mayor justicia que se merece, dentro del movimiento llamado modernista, aunque su modernismo no participa de todos los enunciados que forman el movimiento1. Incluso, a veces, es su contradicción o excepción. Pero no cabe duda de que Martí es uno de los mejores representantes de este movimiento de liberación artística y de afirmación cultural americana. Al indagar en el proceso de creación poética en Martí hay que atenerse tanto a su teoría como a su praxis, analizando su escritura en toda su abarcadora amplitud.


El poeta ha adelantado algunas ideas que ayudan a descubrir e interpretar esos hallazgos. Se ha declarado enemigo jurado de la poesía cerebral, de la poesía mental que entonces predominaba en el ámbito hispánico. Reclama una poesía que brote de la sensibilidad con la fuerza y la pureza naturales del agua del manantial. Reclama imágenes sorprendidas al vuelo, entrevistas por el poeta y no inventadas ni elaboradas en la retorta retórica. Esta acepción peyorativa de lo retórico, en cuanto sinónimo de artificioso, postizo, sobrante e innecesario se contrapone a la idea de un lenguaje simple y diáfano. Rechaza tanto el tono fúnebre de los románticos como las frías y hermosas vasijas del parnasianismo. En “Mi poesía” de Versos Libres2 dirá:

no la pinto de gualda y amaranto

como aquesos poetas; no le estrujo

en un talle de hierro el franco seno;

y el cabello dorado, suelto al aire,

ni con cintas retóricas le cojo:

no: no la pongo en lindas vasijas

que morirían; sino la vierto al mundo

a que cree y fecunde, y ruede y crezca

libre cual las semillas por el viento. (77)

Martí opone resistencia a la expresión parnasiana, prefiere la luz y el brillo natural al brillo y luz artificiales con que se puede adornar la túnica de su poesía. En “contra el verso retórico... ” de Flores del destierro nos dice:

Contra el verso retórico y ornado

el verso natural. Acá un torrente:

aquí una piedra seca. Allá un dorado

pájaro, que en las verdes ramas brilla

...........................................................

acá la huella fétida y viscosa

de un gusano... (81).

Martí predica una poesía natural y sincera. Ese gusto por lo natural se traduce en una poesía no afectada, ni retórica. Martí ama la sencillez. Así lo confiesa en el Prólogo de sus Versos sencillos: “Se imprimen estos versos... porque amo la sencillez, y creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras” (24). Esta declaración de sinceridad resuena por muchas partes de sus versos, sobre todo en los poemas I y V. En este último afirma: “Mi verso al valiente agrada:/mi verso breve y sincero” (29).

Unida a esta prédica de la naturalidad se desarrolla una conciencia social, la cual que se manifiesta en una constante preocupación por los problemas de América. Su conciencia americanista, que contrasta con la extranjerizante de muchos de sus contemporáneos, le hace emitir juicios severos contra los escritores que solo prestan atención a la moda y modelos foráneos, desatendiendo así la originalidad, las realidades y características propias de sus países. Para Martí, el pueblo es un elemento clave en la elaboración poética y cuenta tanto como el poeta mismo, porque allí encuentra este la fuente de su inspiración: “La poesía es a la vez obra del bardo y del pueblo que la inspira... La poesía es durable cuando es obra de todos. Tan autores son de ella los que la comprenden como los que la hacen” (cit. En Roggiano “Poética” 367). Martí busca establecer un diálogo con el pueblo. En su poesía manifiesta el compromiso adquirido con los desposeídos. Así lo manifiesta en el poema III de Versos Sencillos: “con los pobres de la tierra/ quiero yo mi suerte echar” (26). La poesía natural que propone está basada en su conciencia de lo americano, en la expresión y utilización de los elementos que componen toda la naturaleza americana y en la sencillez con que debe elaborarse para que el mensaje llegue al pueblo. Las letras no son un mero fin de producción de belleza formal, sino que se usan con el intento de expresar en lengua hermosa ideas profundas y durables. Así, el arte, la poesía no es una mera contemplación, sino cierta inmanencia de actividad transformadora que tiene por fin un mejoramiento de la realidad; la literatura debe encaminarse hacia el bien del prójimo. Para Martí, la poesía, la obra de arte en general, debía tener una clara función social y caminar de acuerdo a la sociedad. Martí tiene un concepto evangélico del poeta en cuanto hombre, a quien presenta como un místico del deber y como un mártir de su propio destino. Ya en sus primeros versos desarrolla una imagen del poeta entre cósmica y sacerdotal. En su “Musa Traviesa” de Ismaelillo nos dice:

Me siento, cual si en magno

templo oficiase;

cual si mi alma por mirra

vertiese al aire;

cual si en mi hombro surgieran

fuerzas de Atlante. (8)

Martí no entendía otro punto de partida para su poesía que lo real, que era el hecho experimentado, el contacto directo, inmediato. En el prólogo a sus Versos libres remarca este hecho:

Lo que aquí doy a ver lo he visto antes (yo lo he visto, yo), y he visto mucho más, que huyó sin darme cuenta a que copiara sus rasgos. De la extrañeza, singularidad, prisa, amontonamiento, arrebato de mis visiones, yo mismo tuve la culpa, que los he hecho surgir ante mi como las copio. De la copia yo soy el responsable. (50)

Los críticos reverenciales de la cualidad apostólica martiana, no han dejado de reconocer la abismal y persistente experiencia del dolor que llevó a cabo Martí a lo largo de casi toda su vida y la voluntaria inmersión en una experiencia casi alucinatoria del sufrimiento. Esa gran capacidad de sacrificio que tenía Martí y ese profundo sentimiento de dolor que lo embargaba encuentran una vía de escape en la poesía. Ella le sirve de confesión y tal vez de catarsis. Martí sufría por lo personal y por el mundo por el que luchaba. Su desafortunada vida amorosa, la separación de su hijo, la falta de comprensión de su esposa y las tribulaciones diarias para conseguir el sustento son desgarros personales que le producen dolor. La patria sujeta y envilecida por un colonialismo ya decrépito y las pésimas condiciones de la América producen todo ese pesar que Martí refleja en su poesía3, Martí lo esboza claramente en los años de Versos Sencillos:

Para pensar altamente me hace falta sufrir. Primero, caigo, tambaleando y muriendo. Y me levanto, con el cerebro en hervor, y el alma ágil. Brotan mis pensamientos como chispas. Parece como que el puñal que me entra en el cerebro, echa hacia delante las ideas. (cit. en Rama 117).

Martí ve en el dolor una obligada condición para alcanzar la plenitud expresiva4, tal como lo entendió Rimbaud cuando dice “el dolor alimenta, el dolor purifica, el dolor nutre” (cit. En Rama 117). Hay en estas reflexiones una íntima conciencia de la relación entre el estado de ánimo del poeta y su capacidad creadora:

Siempre que me siento a escribir, la Fortuna celosa me pone una capa de hiel al lado. Mi obra es trocarla en mieles –jamás he entrado en una gran labor sin que alguna profunda pena haya venido a perturbar en el comienzo– y he hecho mi jornada bravamente, con un muerto a la espalda. (cit. en Santi 834)

Escribir poesía parece estarse diciendo Martí, no significa saber rimar o contar metros: no depende de una habilidad técnica. Significa asumir una condición que permita transformar la pasión en poesía. El dolor tiene que alcanzar la máxima intensidad para que repercuta armónicamente en una máxima elevación espiritual. Así, el dolor es permanente y esencial porque es connatural a la existencia5. Martí expone claramente esta idea en “Canto de otoño” de Versos Libres:

... y amé la vida

porque del doloroso mal me salva

de volverla a vivir. Alegremente

el peso eché del infortunio al hombro:

porque el que en huelga y regocijo vive

y huye el dolor, y esquiva las sabrosas

penas de la virtud, irá confuso

del frío y torvo juez a la sentencia... (58)

La composición XXXV de Versos Sencillos plantea cierta diferencia entre lo que se podría llamar dolor esencial, connatural a la existencia y al universo, y el dolor circunstancial, procedente de algún acto de las relaciones humanas: desafecto, deslealtad, traición. El dolor circunstancial, tiene, pues, poca monta respecto al dolor esencial, del cual brota la poesía:

¿ Qué importa que tu puñal

se me clave en el riñón?

¡ Tengo mis versos, que son

más fuertes que tu puñal !

¿Qué importa que este dolor

seque el mar, y nuble el cielo?

El verso, dulce consuelo,

Nace al lado del dolor. (44)

La poesía como creación es consuelo para el bardo, aunque refiera cualquier dolor circunstancial, porque la poesía nace de la certidumbre de que la existencia implica el dolor esencial. La composición XLVI plantea la poesía como un consuelo, porque cuando más cargada de penas está el alma del poeta, este acude a la creación poética:

Vierte, corazón, tu pena

Donde no se llegue a ver,

Por soberbia, y por no ser

Motivo de pena ajena.

Yo te quiero, verso amigo,

Porque cuando siento el pecho

Ya muy cargado y desecho,

Parto la carga contigo. (48)

Para renovar la forma poética se debe escribir viviendo, lo cual significa, escribir al dictado de la vida6. Sin embargo, para Martí, el proceso creativo resulta ser un fenómeno involuntario: la poesía se produce dentro de él, no es que él la produzca, o la busque, y, todavía más, estatuye que no es correcto buscarla porque entonces se rehusaría. Sus versos no son productos mentales sino emocionales. En el prólogo que escribió para sus Versos Libres nos dice: “Ninguno me ha salido recalentado, artificioso, recompuesto, de la mente; sino como las lágrimas salen de los ojos y la sangre sale a borbotones de la vida” (50). Esta doctrina martiana se define por su origen en la inspiración. La inspiración hace del momento creador un acto de libertad. De modo que no es posible alcanzar o realizar poesía sin emoción o inspiración7. Martí distingue dos clases de versos: los versos del cerebro, de la mente, de la razón; y los versos del corazón, del alma, de la emoción. Para Martí la emoción es primero.

El manejo de la lengua es otro aspecto prioritario en la poética de Martí, quien nos enseñó que “en las palabras hay una capa que las envuelve, que es el uso: es necesario ir hasta el cuerpo de ellas. Se siente en este examen que algo se quiebra, y se ve lo hondo. Han de usarse las palabras como se ven en lo hondo, en su significación real, etimológica y primitiva, que es la única robusta, que asegura duración a la idea expresada en ella” (cit. en Cruz 38). Respecto a este aspecto del quehacer poético Martí escribió en 1882, en el prólogo a “El poema del Niágara” del venezolano Pérez Bonalde: “Han de podarse de la lengua poética, como del árbol, todos los retoños entecos, o amarillentos, o mal nacidos, y no dejar más que los sanos y robustos, con lo que, con menos hojas, se alza con más gallardía la rama, y pasa en ella con más libertad la brisa y nace mejor el fruto” (cit. en Augier 34). Se trata de una higiene de las letras lograda por el camino del laconismo y la precisión. En una selección de apuntes de Martí, entre sus papeles sueltos, expresa esta concepción: “Adoro la sencillez, pero no la que proviene de limitar mis ideas a este o aquel círculo o escuela, sino la de decir lo que veo, siento o medito, con el menor número de palabras posibles, de palabras poderosas, gráficas, enérgicas y armoniosas” (cit. en Rama 132). El ajuste del pensamiento a la forma es base en la concepción del estilo: “El lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico. La idea ha de encajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea” (cit. en Vitier XI). El estilo de Martí no es, pues, el resultado de una técnica refinada para promover los más exquisitos deleites de la sensación o del goce puro8. El hombre de estilo es aquel que se vale del lenguaje para expresar un contenido que ha vivido, ineludiblemente. La lengua es sólo un medio. Para este estilo, la realidad está antes que la palabra, y es idea, sentimiento, pensamiento, vivencia y no signo, accidente, mera representación. Martí era partidario de que se debe pulir el verso, pero no una vez que esté fuera de la mente, que ya está en el papel, sino dentro de ella. Respecto de la adecuación al contenido, para él, la lengua es vana cuando no sirve de vehículo a algún mensaje. En ello está encerrado un claro precepto de utilidad de las letras: “El lenguaje es humo cuando no sirve de vestido al sentimiento generoso o a la idea eterna” (cit. en Omaña 206).

Obras Citadas

Agier, Angel. “ Notas sobre el proceso de creación poética en Martí ”. Anuario L/L: 13-34.

Cruz, Mary. “Alegría viva: Martí” Anuario L/L.2(1971): 25-46

Henriquez Ureña, Max. Breve historia del modernismo. México: Fondo de cultura económica, 1954.

Jiménez, José Olivio. “Dos símbolos existenciales en la obra de José Martí”. Románica 15(1979): 112-125.

Martí, José. Obra literaria. ed. Cintio Vitier. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1978.

Más, José L. “En torno a la ideología de José Martí”. Cuadernos Americanos 199.2 (1975): 82-114.

Omaña, Balmiro. “Concepción de la poesía en José Martí”. Revista Iberoamericana 55.146-147 (1989): 193-209.

Rama, Ángel. “José Martí en el eje de la modernización poética: Whitman, Lautréamont, Rimbaud”. Nueva Revista de Filología Hispánica 32.1 (1983): 96-135.

Roggiano, Alfredo. “Acción y libertad en la poética de José Martí”. Revista Iberoamericana 55.146-147 (1989): 193-209.

-------, “ Poética y estilo de José Martí ”. Humanitas. 2 (1953): 351 - 378.

Santi, Enrico Mario. “Ismaelillo, Martí y el modernismo”. Revista Iberoamericana 52.137 (1986): 811-840.

Schulman, Ivan. Introducción. Ismaelillo, Versos libres, Versos sencillos. Por José Martí. Madrid: Cátedra, 1997.

Vitier, Cintio. Prólogo. Obra literaria. Por José Martí. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1978.


1 Respecto a la génesis de este movimiento nos dice Iván A. Schulman: “El modernismo concebido como la etapa inicial de una época de crisis, ostenta sus primeros síntomas inquietantes en Hispanoamérica a partir de 1875 no sólo en el terreno de la literatura sino en el de la filosofía, la ideología, la organización social y la religión. Era de transformaciones vertiginosas, de complejas tendencias heterogéneas y anárquicas, el modernismo se caracteriza al principio por el rechazo de normas y tradiciones consagradas” (23).

2 Citamos por la Obra Literaria editada por la Biblioteca Ayacucho cuyo prólogo y notas están a cargo de Cintio Vitier. En adelante, se cita por esta edición indicando número de página.

3 Alfredo Roggiano señala: “La poesía es un dolor. Desgarra el pensamiento, las entrañas del poeta, como desgarra el hijo las entrañas de la madre” (“Poética”, 358).

4 José L. Más dice al respecto: “En Martí es la idea del sacrificio la que culmina toda su prédica ética y moral. Por eso, más que la satisfacción de los apetitos materiales recomienda, a través de sus crónicas, la privación y la desgracia, como camino seguro para conseguir la perfección... Martí llega a afirmar que el sacrificio y el dolor son las condiciones necesarias para el logro de la verdadera felicidad en una vida futura” (107).

5 José Olivio Jiménez afirma que: “Martí, iniciado desde adolescente en los saberes nutricios del dolor, y pudoroso en extremo de exhibirlo, no pudo sino vestir el obligado disfraz que ambos sentimientos le imponían... pues el dolor en sus cotas más altas, y como el mismo sostuviese, es purificación y alimento y nacimiento para la vida del bien” (116).

6 Cintio Vitier plantea la relación arte y vida a partir de dos principios: “La expresión sincera y el pensamiento libre”. En donde la primera será necesariamente libre (XII).

7 Alfredo A. Roggiano sostiene que la poesía de Martí “nace de la inspiración; la inspiración es un acto libre; la libertad sustentada en la acción, es la base de la creación; ésta es originalidad; la originalidad es autenticidad, sinceridad, honradez. Por tanto, la poesía es la religión de la libertad, y así, la suprema guiadora de los pueblos” (“Acción” 407).

8 Al respecto Max Henriquez Ureña afirma: “En el verso, Martí, más que un revolucionario de la forma, fue un reivindicador de la sencillez” (56).


viernes, 11 de julio de 2008

El gran debate (2007) de Denzel Washington

El gran debate (2007), dirigida por Denzel Washington, es una película basada en la historia real, del recordado profesor Mel Tolson, quien fue considerado uno de los mejores poetas afroamericanos que en la década de los años 30, fue un profesor en Wiley College de Texas, una universidad de alumnos negros, dictando el curso de historia Afroamericana. El profesor Tolson (protagonizado por el mismo Denzel Washington) está empeñado en hacer valer los talentos de la entonces subestimada juventud negra, en medio del opresivo ambiente de discriminación racial que imperaba en esa época, donde el linchamiento de los negros por parte de los blancos no era algo excepcional.

Pese a este contexto discriminatorio de tensión racial, el profesor Tolson, un inquebrantable defensor por los derechos de los negros, estaba convencido del poder del conocimiento para que la nueva generación de afroamericanos lograse el reconocimiento y respeto de la población blanca. Así, logro seleccionar, animar y preparar a un grupo de estudiantes para conformar el primer equipo de debate del College Wiley de Texas, a fin de competir con los equipos de otras universidades más prestigiosas.

El momento crucial de esta historia tiene lugar cuando los debatientes del College Wiley, la pequeña universidad de alumnos de color, son invitados a competir, por el campeonato nacional de debates, con los invictos campeones blancos de la Universidad de Harvard, para discutir el tema del ejercicio de la desobediencia civil; mientras que el equipo visitante defiende el derecho de ejercerlo, tomando como ejemplo el caso de Ghandi –el ideólogo de la no violencia-, sus contrincantes locales opinan lo contrario. El film alcanza, aquí, su momento más logrado y significativo. Mediante un ejercicio de argumentos lógicos y racionales, al más puro estilo de los oradores clásicos, se defienden y contraponen argumentos sobre la cuestión de la controversia. Excelente ejemplo de retórica, de lucha y perseverancia frente a la adversidad. Una lección de humildad a toda prueba, digna de ser vista y admirada.

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El debate final

EL GRAN DEBATE (2007) DE DENZEL WSHINGTON. LA FINAL DE LOS DEBATES.


FINAL DEL CAMPEONATO NACIONAL DE DEBATES 1935:

Equipo de la Universidad de Harvard (locales): Dos Miembros

Equipo de la Universidad de Wiley (invitados): James Farmer y Samantha Booke

CONTROVERSIA: El ejercicio de la desobediencia civil o social

CUESTIÓN DE LA CONTROVERSIA: ¿Se debe o no ejercer la desobediencia civil?

MODERADOR: El Sr. Farmer debatirá el primer afirmativo.

JAMES FARMER: Resuelvo: La desobediencia civil es un arma moral en la lucha por la justicia. ¿Pero cómo puede considerarse tal cosa? Creo que depende de la definición de las palabras. Palabra. En 1899, en la India, 10,000 personas se reunieron, para protestar en contra de las leyes de la tiranía. El general Reginald Dyer, los encerró en un patio, para que sus soldados los confrontaran por diez minutos. 379 murieron. Hombres, mujeres, niños, asesinados a sangre fría. Dyer dijo que a través de ellos daría una lección. A lo que el pueblo no respondió con violencia, sino con una campaña organizada de no cooperación. Los edificios del gobierno fueron ocupados, las calles se llenaron de gente que se negaba a moverse, aún siendo apaleados por la justicia. Ghandi fue arrestado, pero los británicos fueron forzados a liberarlo. Él lo llamó “Una victoria moral”. La definición de moral: ¿Asesinato de Dyer o victoria de Ghandi? Ustedes eligen.

MIEMBRO DE HARVARD: De 1914 a 1918, el mundo estaba en guerra. A cada minuto, cuatro hombres daban su vida. Piensen en ello. 240 jóvenes y valientes hombres, fueron condenados cada hora de cada día, de cada noche por cuatro largos años. 35,000 horas. 8’ 281,000 bajas. He aquí el hecho inconmensurable ante cualquier otro evento. ¿Hay algo moral acerca de esto? Nada. Excepto que Alemania quería esclavizar a toda Europa. La desobediencia civil no es moral por no ser violenta. Luchar con violencia para defender a tu país, lo es más profundamente. Demandando el más grande sacrificio de todos. La vida misma. La no violencia, es la máscara que se pone la desobediencia civil para encubrir su verdadera cara: La Anarquía.

SAMANTHA BOOKE: Ghandi creía que siempre hay que actuar con amor y respeto a sus oponentes, aún cuando sean éstos los debatidores de Harvard. Ghandi también creía que los que quebrantan la ley, tienen que aceptar las consecuencias legales de sus acciones. ¿Suena eso a Anarquía? La desobediencia social no es algo a lo que debiéramos temer. Es después de todo un concepto americano. Ghandi no halló su inspiración en las escrituras indias, sino de Henry David Drough, quien, creo, fue graduado de Harvard, guiado por quienes no están muy lejos de aquí.

MIEMBRO DE HARVARD: Mi oponente tiene razón en un aspecto. Drough fue un graduado de Harvard, y como muchos de nosotros, apuesto a que desarrolló su intelecto. Él quiso decir: “Cualquier hombre más leído que sus vecinos, constituye la mayoría de uno”. Palabras que Drough no calculó, que Adolfo Hitler estuviera de acuerdo con ellas. La belleza y valor de la democracia es ésta: “Ninguna idea prevalece sin el apoyo de la mayoría”. El pueblo decide los patrones morales de su tiempo, no una mayoría de uno.

SAMANTHA BOOKE: Las mayorías no deciden lo que está bien o mal. Pero la conciencia sí. Por qué nuestros ciudadanos, entregarían su conciencia por el parecer de una mayoría. Nosotros nunca, jamás nos plegaríamos, ante la creencia de ninguna mayoría.

MIEMBRO DE HARVARD: No podemos elegir qué leyes obedecer o cuáles ignorar. Si pudiéramos, nunca pararíamos en una luz roja. Mi padre es uno de esos hombres que están entre nosotros y el caos. Es oficial de la policía. Recuerdo el día que su compañero, su mejor amigo, fue derribado en cumplimiento del deber. Más vívido que todo lo demás, recuerdo la expresión en la cara de mi padre. Nada que irrumpa contra en el cumplimiento de la ley puede ser moral. No importa el nombre que le demos.

JAMES FARMER: En Texas linchan a los negros. Mis compañeros y yo, vimos a un hombre colgando de su cuello, que también habían quemado. Huimos de la banda de linchadores. Presionamos nuestras caras contra el piso del auto. Miré a mis compañeros de equipo. Vi el miedo en sus ojos. Y peor, la vergüenza. Cuál era el crimen de ese negro, para que debiera ser colgado sin juicio, en un bosque oscuro y neblinoso. ¿Era un ladrón?, ¿era un asesino? ¿o sólo un negro? ¿Era un obrero?, ¿un predicador? ¿Sus hijos estarían esperando por él? ¿Quién estuvo cerca del hecho?, y no hizo nada. No importa lo que haya hecho los linchadores eran los criminales. Pero la ley no hizo nada, sólo dejarnos preguntándonos: ¿Por qué? Mi oponente dice: “Nada que quiebre la ley puede ser moral”. Pero no hay ley escrita que diga que los negros no tienen derecho a una casa, que sean rechazados en las escuelas, en los hospitales, tampoco, que seamos linchados. San Agustín dijo: “Una ley injusta, no es ley”. Lo que significa que tengo el derecho, más, todavía, el deber de resistir. Con violencia o desobediencia civil… Deberían rezar porque escogiera la última.

domingo, 6 de julio de 2008

Discurso de Martin Luther King “Tengo un sueño” (1963)

En 1963, Martin Luther King, líder religioso y activista estadounidense, se puso al frente en Birmingham (Alabama) de una campaña a favor de los derechos civiles para lograr el censo de votantes negros, acabar con la segregación y conseguir una mejor educación y alojamiento en los estados del sur. Durante estas campañas fue arrestado varias veces. El 28 de agosto de 1963 las más de 200.000 personas que habían marchado sobre Washington en apoyo de los derechos civiles, le oyeron pronunciar su más famoso discurso: "Sueño con el día en que esta nación se levante para vivir de acuerdo con su creencia en la verdad evidente de que todos los hombres son creados iguales (...) Sueño con el día en que mis cuatro hijos vivan en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por la integridad de su carácter". Memorable discurso que ha pasado a la posteridad como uno de los más célebres de nuestra historia.

En octubre de 1964, Martin recibió el Premio Nóbel de la Paz, siendo el más joven en recibir este galardón. A pesar de sus muchos logros, aún la lucha continuó, Martin Luther siguió marchando en nombre de la justicia, pero cuatro años más tarde, fue asesinado de un tiro en su cuello, a tan solo 39 años de edad, apagándose así una vida dedicada a la integración racial en EEUU. Por su carisma y mensaje de unidad, por su lucha por la libertad y por todos los derechos del ser humano, Martin, se ha convertido en un emblema universal de la vida en paz y en comunidad para toda la humanidad.

Aclamada por los estudiosos y especialistas del discurso, como una pieza maestra de la retórica, el discurso de Martin Luther King contribuyó de un modo importante y significativo a un cambio político y social en el tema por los derechos civiles, por la justicia y la libertad en los Estados Unidos.


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Discurso de Martin Luther King

Tengo un sueño (I have a dream). Discurso de Martin Luther King, Jr.


Discurso pronunciado el 28 de agosto de 1963 delante del monumento a Abraham Lincoln en Washington, DC, durante una histórica manifestación, de más de 200,000 personas, en pro de los derechos civiles para los negros en los EE.UU.

Estoy contento de reunirme hoy con vosotros y con vosotras en la que pasará a la historia como la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestra nación.

Hace un siglo, un gran americano, bajo cuya simbólica sombra nos encontramos, firmó la Proclamación de Emancipación. Este trascendental decreto llegó como un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros y esclavas negras, que habían sido quemados en las llamas de una injusticia aniquiladora. Llegó como un amanecer dichoso para acabar con la larga noche de su cautividad.

Pero cien años después, las personas negras todavía no son libres. Cien años después, la vida de las personas negras sigue todavía tristemente atenazada por los grilletes de la segregación y por las cadenas de la discriminación. Cien años después, las personas negras viven en una isla solitaria de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después, las personas negras todavía siguen languideciendo en los rincones de la sociedad americana y se sienten como exiliadas en su propia tierra. Así que hemos venido hoy aquí a mostrar unas condiciones vergonzosas.

Hemos venido a la capital de nuestra nación en cierto sentido para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magnificientes palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, estaban firmando un pagaré del que todo americano iba a ser heredero. Este pagaré era una promesa de que a todos los hombres —sí, a los hombres negros y también a los hombres blancos— se les garantizarían los derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.

Hoy es obvio que América ha defraudado en este pagaré en lo que se refiere a sus ciudadanos y ciudadanas de color. En vez de cumplir con esta sagrada obligación, América ha dado al pueblo negro un cheque malo, un cheque que ha sido devuelto marcado “sin fondos”.

Pero nos negamos a creer que el banco de la justicia está en bancarrota. Nos negamos a creer que no hay fondos suficientes en las grandes arcas bancarias de las oportunidades de esta nación. Así que hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos dé mediante reclamación las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia. También hemos venido a este santo lugar para recordar a América la intensa urgencia de este momento. No es tiempo de darse al lujo de refrescarse o de tomar el tranquilizante del gradualismo. Ahora es tiempo de hacer que las promesas de democracia sean reales. Ahora es tiempo de subir desde el oscuro y desolado valle de la segregación al soleado sendero de la justicia racial. Ahora es tiempo de alzar a nuestra nación desde las arenas movedizas de la injusticia racial a la sólida roca de la fraternidad. Ahora es tiempo de hacer que la justicia sea una realidad para todos los hijos de Dios.

Sería desastroso para la nación pasar por alto la urgencia del momento y subestimar la determinación de las personas negras. Este asfixiante verano del legítimo descontento de las personas negras no pasará hasta que haya un estimulante otoño de libertad e igualdad. Mil novecientos sesenta y tres no es un fin, sino un comienzo. Quienes esperaban que las personas negras necesitaran soltar vapor y que ahora estarán contentos, tendrán un brusco despertar si la nación vuelve a su actividad como si nada hubiera pasado. No habrá descanso ni tranquilidad en América hasta que las personas negras tengan garantizados sus derechos como ciudadanas y ciudadanos. Los torbellinos de revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que nazca el día brillante de la justicia.

Pero hay algo que debo decir a mi pueblo, que está en el caluroso umbral que lleva al interior del palacio de justicia. En el proceso de conseguir nuestro legítimo lugar, no debemos ser culpables de acciones equivocadas. No busquemos saciar nuestra sed de libertad bebiendo de la copa del encarnizamiento y del odio. Debemos conducir siempre nuestra lucha en el elevado nivel de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra fecunda protesta degenere en violencia física. Una y otra vez debemos ascender a las majestuosas alturas donde se hace frente a la fuerza física con la fuerza espiritual. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra no debe llevarnos a desconfiar de todas las personas blancas, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como su presencia hoy aquí evidencia, han llegado a ser conscientes de que su destino está atado a nuestro destino. Han llegado a darse cuenta de que su libertad está inextricablemente unida a nuestra libertad. No podemos caminar solos.

Y mientras caminamos, debemos hacer la solemne promesa de que siempre caminaremos hacia adelante. No podemos volver atrás. Hay quienes están preguntando a los defensores de los derechos civiles: “¿Cuándo estaréis satisfechos?” No podemos estar satisfechos mientras las personas negras sean víctimas de los indecibles horrores de la brutalidad de la policía. No podemos estar satisfechos mientras nuestros cuerpos, cargados con la fatiga del viaje, no puedan conseguir alojamiento en los moteles de las autopistas ni en los hoteles de las ciudades. No podemos estar satisfechos mientras la movilidad básica de las personas negras sea de un ghetto más pequeño a otro más amplio. No podemos estar satisfechos mientras nuestros hijos sean despojados de su personalidad y privados de su dignidad por letreros que digan “sólo para blancos”. No podemos estar satisfechos mientras una persona negra en Mississippi no pueda votar y una persona negra en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no, no estamos satisfechos y no estaremos satisfechos hasta que la justicia corra como las aguas y la rectitud como un impetuoso torrente.

No soy inconsciente de que algunos de vosotros y vosotras habéis venido aquí después de grandes procesos y tribulaciones. Algunos de vosotros y vosotras habéis salido recientemente de estrechas celdas de una prisión. Algunos de vosotros y vosotras habéis venido de zonas donde vuestra búsqueda de la libertad os dejó golpeados por las tormentas de la persecución y tambaleantes por los vientos de la brutalidad de la policía. Habéis sido los veteranos del sufrimiento fecundo. Continuad trabajando con la fe de que el sufrimiento inmerecido es redención.

Volved a Mississippi, volved a Alabama, volved a Carolina del Sur, volved a Georgia, volved a Luisiana, volved a los suburbios y a los ghettos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de un modo u otro esta situación puede y va a ser cambiada.


No nos hundamos en el valle de la desesperación. Aun así, aunque vemos delante las dificultades de hoy y mañana, amigos míos, os digo hoy: todavía tengo un sueño. Es un sueño profundamente enraizado en el sueño americano.

Tengo un sueño: que un día esta nación se pondrá en pie y realizará el verdadero significado de su credo: “Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres han sido creados iguales”.

Tengo un sueño: que un día sobre las colinas rojas de Georgia los hijos de quienes fueron esclavos y los hijos de quienes fueron propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la fraternidad.

Tengo un sueño: que un día incluso el estado de Mississippi, un estado sofocante por el calor de la injusticia, sofocante por el calor de la opresión, se transformará en un oasis de libertad y justicia.

Tengo un sueño: que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel sino por su reputación.

Tengo un sueño hoy.

Tengo un sueño: que un día allá abajo en Alabama, con sus racistas despiadados, con su gobernador que tiene los labios goteando con las palabras de interposición y anulación, que un día, justo allí en Alabama niños negros y niñas negras podrán darse la mano con niños blancos y niñas blancas, como hermanas y hermanos.

Tengo un sueño hoy.

Tengo un sueño: que un día todo valle será alzado y toda colina y montaña será bajada, los lugares escarpados se harán llanos y los lugares tortuosos se enderezarán y la gloria del Señor se mostrará y toda la carne juntamente la verá.

Ésta es nuestra esperanza. Ésta es la fe con la que yo vuelvo al Sur. Con esta fe seremos capaces de cortar de la montaña de desesperación una piedra de esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar las chirriantes disonancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a la cárcel juntos, de ponernos de pie juntos por la libertad, sabiendo que un día seremos libres.

Éste será el día, éste será el día en el que todos los hijos de Dios podrán cantar con un nuevo significado “Tierra mía, es a ti, dulce tierra de libertad, a ti te canto. Tierra donde mi padre ha muerto, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera suene la libertad”.

Y si América va a ser una gran nación, esto tiene que llegar a ser verdad. Y así, suene la libertad desde las prodigiosas cumbres de las colinas de New Hampshire. Suene la libertad desde las enormes montañas de Nueva York. Suene la libertad desde los elevados Alleghenies de Pennsylvania.

Suene la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve de Colorado. Suene la libertad desde las curvas vertientes de California.

Pero no sólo eso; suene la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia.

Suene la libertad desde el Monte Lookout de Tennessee.

Suene la libertad desde cada colina y cada topera de Mississippi, desde cada ladera.

Suene la libertad. Y cuando esto ocurra y cuando permitamos que la libertad suene, cuando la dejemos sonar desde cada pueblo y cada aldea, desde cada estado y cada ciudad, podremos acelerar la llegada de aquel día en el que todos los hijos de Dios, hombres blancos y hombres negros, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de juntar las manos y cantar con las palabras del viejo espiritual negro: “¡Al fin libres! ¡Al fin libres! ¡Gracias a Dios Todopoderoso, somos al fin libres!”

(Traducción de Tomás Albaladejo).



Julio César (1953) de Joseph L. Mankiewicz. Discurso de Marco Antonio.


ANTONIO. - ¡Amigos, romanos, compatriotas, prestadme atención! ¡Vengo a inhumar a César, no a ensalzarle! ¡El mal que hacen los hombres les sobrevive! ¡El bien queda frecuentemente sepultado con sus huesos! ¡Sea así con César! El noble Bruto os ha dicho que César era ambicioso. Si lo fue, era la suya una falta, y gravemente lo ha pagado. Con la venía de Bruto y los demás -pues Bruto es un hombre honrado, como son todos ellos, hombres todos honrados- vengo a hablar en el funeral de César. Era mi amigo, para mí leal y sincero, pero Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado. Infinitos cautivos trajo a Roma, cuyos rescates llenaron el tesoro público. ¿Parecía esto ambición en César? Siempre que los pobres dejaran oír su voz lastimera, César lloraba. ¡La ambición debería ser de una sustancia más dura! No obstante, Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado. Todos visteis que en las Lupercales le presenté tres veces una corona real, y la rechazó tres veces. ¿Era esto ambición? No obstante, Bruto dice que era ambicioso, y, ciertamente, es un hombre honrado. ¡No hablo para desaprobar lo que Bruto habló! ¡Pero estoy aquí para decir lo que sé! Todos le amasteis alguna vez, y no sin causa. ¿Qué razón, entonces, os detiene ahora para no llevarle luto? ¡Oh raciocinio! ¡Has ido a buscar asilo en los irracionales, pues los hombres han perdido la razón! ¡Toleradme! ¡Mí corazón está ahí, en ese féretro, con César, y he de detenerme hasta que torne a mí...

CIUDADANO PRIMERO. - Pienso que tiene mucha razón en lo que dice.

CIUDADANO SEGUNDO. - Si lo consideras detenidamente, se ha cometido con César una gran injusticia.

CIUDADANO CUARTO. - ¿Habéis notado sus palabras? No quiso aceptar la corona. Luego es cierto que no era ambicioso.

CIUDADANO PRIMERO. - ¡Si resulta, les pesará a algunos!

CIUDADANO SEGUNDO. - ¡Pobre alma! ¡Tiene enrojecidos los ojos por el fuego de las lágrimas!

CIUDADANO TERCERO. - ¡En Roma no existe un hombre más noble que Antonio!

CIUDADANO CUARTO. - Observémosle ahora. Va a hablar de nuevo.

ANTONIO. - ¡Ayer todavía, la palabra de César hubiera podido hacer frente al universo! ¡Ahora yace ahí, y nadie hay tan humilde que le reverencie! ¡Oh señores! Si estuviera dispuesto a excitar al motín y a la cólera a vuestras mentes y corazones, sería injusto con Bruto y con Casio, quienes, como todos sabéis, son hombres honrados. ¡No quiero ser injusto con ellos! ¡Prefiero serlo con el muerto, conmigo y con vosotros, antes que con esos hombres tan honrados! pero he aquí un pergamino con el sello de César. Lo hallé en su gabinete y es su testamento. ¡Oiga el pueblo su voluntad -aunque, con vuestro permiso, no me propongo leerlo- e irá a besar las heridas de César muerto y a empapar sus pañuelos en su sagrada, sangre! ¡Sí! ¡Reclamará un cabello suyo como reliquia, y al morir lo transmitirá por testamento como un rico legado a su posteridad!

CIUDADANO CUARTO. - ¡Queremos conocer el testamento! ¡Leedlo, Marco Antonio!

TODOS. - ¡El testamento! ¡El testamento! ¡Queremos oír el testamento de César!

ANTONIO. - ¡Sed pacientes, amables amigos! ¡No debo leerlo! ¡No es conveniente que sepáis hasta qué extremo os amó César! Pues siendo hombres y no leños ni piedras, ¡sino hombres!, al oír el testamento de César os enfureceríais llenos de desesperación. Así, no es bueno haceros saber que os instituye sus herederos, pues si lo supierais, ¡oh!, ¿qué no habría de acontecer?

CIUDADANO CUABTO. - ¡Leed el testamento, queremos oírlo! ¡Es preciso que nos leáis el testamento! ¡El testamento!

ANTONIO. - ¿Tendréis paciencia? ¿Permaneceréis un. momento en calma? He ido demasiado lejos al deciros esto. Temo agraviar a los honrados hombres cuyos puñales traspasaron a César. ¡Lo temo!

CIUDADANO CUARTO. -"¡Son unos traidores! ¡Hombres honrados!

TODOS. - ¡Su última voluntad! ¡El testamento!

ANTONIO. - ¿Queréis obligarme entonces a leer el testamento? Pues bien: formad círculo en torno del cadáver de César y dejadme enseñaros al que hizo el testamento. ¿Descenderé? ¿Me dais vuestro permiso?

TODOS. - ¡Bajad!

CIUDADANO SEGUNDO. - ¡Descended! (ANTONIO desciende de la tribuna.)

CIUDADANO TERCERO. - Estáis autorizado.

CIUDADANO CUARTO. - Formad círculo. Colocaos alrededor.

CIUDADANO PRIMERO. - ¡Apartaos del féretro, apartaos del cadáver!

CIUDADANO SEGUNDO. - ¡Lugar para Antonio, para el muy noble Antonio!

ANTONIO. - ¡No, no os agolpéis encima de mí! ¡Quedaos a distancia!

VARIOS CIUDADANOS. - ¡Atrás! ¡Sitio! ¡Echaos atrás!

ANTONIO. - ¡Si tenéis lágrimas, disponeos ahora a verterlas! ¡Todos conocéis este manto! Recuerdo cuando César lo estrenó. Era una tarde de estío, en su tienda, el día que venció a los de Nervi. ¡Mirad: por aquí penetró el puñal de Casio! ¡Ved qué brecha abrió el implacable Casca! ¡Por esta otra le hirió su muy amado Bruto! ¡Y al retirar su maldecido acero, observad cómo la sangre de César parece haberse lanzado en pos de él, como para asegurarse de si era o no Bruto el que tan inhumanamente abría la puerta! ¡Porque Bruto, como sabéis, era el ángel de César! ¡Juzgad, oh dioses, con qué ternura le amaba César! ¡Ése fue el golpe más cruel de todos, pues cuando el noble César vio que él también le hería, la ingratitud, más potente que los brazos de los traidores, le anonadó completamente! ¡Entonces estalló su poderoso corazón, y, cubriéndose el rostro con el manto, el gran César cayó a los pies de la estatua de Pompeyo, que se inundó de sangre! ¡Oh, qué caída, compatriotas! ¡En aquel momento, yo, y vosotros y todos; caímos, y la traición sangrienta triunfó sobre nosotros! ¡Oh, ahora lloráis y percibo sentir en vosotros la impresión de la piedad! ¡Esas lágrimas son generosas! ¡Almas compasivas! ¿Por qué lloráis, cuando aún no habéis visto más que la desgarrada vestidura de César? ¡Mirad aquí! ¡Aquí está él mismo, acribillado, como veis, por los traidores!

CIUDADANO PRIMERO. - ¡Oh lamentable espectáculo!

CIUDADANO SEGUNDO. - ¡Oh noble César!

CIUDADANO TERCERO. - ¡Oh desgraciado día!

CIUDADANO CUARTO. - ¡Oh traidores, villanos!

CIUDADANO PRIMERO. - ¡Oh cuadro sangriento!

CIUDADANO SEGUNDO. - ¡Seremos vengados!

TODOS. - ¡Venganza!... ¡Pronto!... ¡Buscad!... ¡Quemad!... ¡Incendiad!... ¡Matad!... ¡Degollad!... ¡Que no quede vivo un traidor!...

ANTONIO. - ¡Deteneos, compatriotas!...

CIUDADANO PRIMERO. - ¡Silencio! ¡Oíd al noble Antonio!

CIUDADANO SEGUNDO. - ¡Le escucharemos! ¡Le seguiremos! ¡Moriremos con él!

ANTONIO. - ¡Buenos amigos, apreciables amigos, no os excite yo con esa repentina explosión de tumulto! Los que han consumado esta acción son hombres dignos. ¿Qué secretos agravios tenían para hacerlo? ¡Ay! Lo ignoro. Ellos son sensatos y honorables, y no dudo que os darán razones. ¡Yo no vengo, amigos, a concitar vuestras pasiones! Yo no soy orador como Bruto, sino, como todos sabéis, un hombre franco y sencillo, que amaba a su amigo, y esto lo saben bien los que públicamente me dieron licencia para hablar de él. ¡Porque no tengo ni talento, ni elocuencia, ni mérito, ni estilo, ni ademanes, ni el poder de la oratoria, que enardece la sangre de los hombres! Hablo llanamente y no os digo sino lo que todos conocéis. ¡Os muestro las heridas del bondadoso César, pobres, pobres bocas mudas, y les pido que ellas hablen de mí! ¡Pues si yo fuera Bruto y Bruto fuera Antonio, ese Antonio exasperaría vuestras almas y pondría una lengua en cada herida de César, capaz de conmover y levantar en motín las piedras de Roma!

TODOS. - ¡Nos amotinaremos!

CIUDADANO PRIMERO. - ¡Prendamos fuego a la casa de Bruto!

CIUDADANO TERCERO. - ¡En marcha, pues! ¡Venid! ¡Busquemos a los conspiradores!

ANTONIO. - ¡Oídme todavía, compatriotas! ¡Oídme todavía!

TODOS. - ¡Silencio, eh!... ¡Escuchad a Antonio!... ¡Muy noble Antonio!

ANTONIO. - ¡Amigos, no sabéis lo que vais a hacer! ¿Qué ha hecho César para así merecer vuestros afectos? ¡Ay! ¡Aún lo ignoráis! ¡Debo, pues, decíroslo! ¡Habéis olvidado el testamento de que os hablé!

TODOS. - ¡Es verdad! ¡El testamento! ¡Quedémonos y oigamos el testamento!

ANTONIO. - Aquí está, y con el sello de César. A cada ciudadano de Roma, a cada hombre, individualmente, lega setenta y cinco dracmas.

CIUDADANO SEGUNDO. - ¡Qué noble César! ¡Vengaremos su muerte!

CIUDADANO TERCERO. - ¡Oh regio César!

ANTONIO. - ¡Oídme con paciencia!

TODOS. - ¡Silencio, eh!

ANTONIO. - Os lega además todos sus paseos, sus quintas particulares y sus jardines recién plantados a este lado del Tíber. Los deja a perpetuidad a vosotros y a vuestros herederos como parques públicos para que os paseéis y recreéis. ¡Éste era un César! ¿Cuándo tendréis otro semejante?

CIUDADANO PRIMERO. - ¡Nunca, nunca! ¡Venid! ¡Salgamos! ¡Salgamos! ¡Queremos su cuerpo en el sitio sagrado e incendiaremos con teas las casas de los traidores! ¡Recoged el cadáver!

CIUDADANO SEGUNDO. - ¡Id en busca de fuego!

CIUDADANO TERCERO. - ¡Destrozad los bancos!

CIUDADANO CUARTO. - ¡Haced pedazos los asientos, las ventanas, todo! (Salen los CIUDADANOS con el Cuerpo.)

ANTONIO. - ¡Ahora, prosiga la obra! ¡Maldad, ya estás en pie! ¡Toma el curso que quieras!


Fuente: Shakespeare, William. Romeo y Julieta/Julio César. Editorial Bruguera


Julio César (1953) de Joseph L. Mankiewicz. Discurso de Bruto.


BRUTO. - Tened calma hasta el fin. ¡Romanos, compatriotas y amigos! Oídme defender mi causa y guardad silencio para que podáis oírme. Creedme por mi honor y respetad mi honra, a fin de que me creáis. Juzgadme con vuestra rectitud y avivad vuestros sentidos para poder juzgar mejor. Si hubiese alguno en esta asamblea que profesará entrañable amistad a César, a él le digo que el afecto de Bruto por César no era menos que el suyo. Y si entonces ese amigo preguntase por qué Bruto se alzó contra César, ésta es mi contestación: "No porque amaba a César menos, sino porque amaba más a Roma." ¿Preferiríais que César viviera y morir todos esclavos a que esté muerto César y todos vivir libres? Porque César me apreciaba, le lloro; porque fue afortunado, le celebro; como valiente, le honro; pero por ambicioso, le maté. Lágrimas hay para su afecto, gozo para su fortuna, honra para su valor y muerte para su ambición. ¿Quién hay aquí tan abyecto que quisiera ser esclavo? ¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofendido! ¿Quién hay aquí tan estúpido que no quisiera ser romano? ¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofendido! ¿Quién hay aquí tan vil que no ame a su patria?

¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofendido! Aguardo una respuesta. TODOS. - ¡Nadie, Bruto, nadie!

BRUTO. - ¡Entonces, a nadie he ofendido! ¡No he hecho con César sino lo que haríais con Bruto! Los motivos de su muerte están escritos en el Capitolio. Su gloria no se amengua, en cuanto la merecía, ni se exageran sus ofensas, por las cuales ha sufrido la muerte. (Entran ANTONIO y otros con el cuerpo de CÉSAR.) Aquí llega su cuerpo, que doliente conduce Marco Antonio, que, aunque no tomó parte en su muerte, percibirá los beneficios de ella, o sea un puesto en la república. ¿Quién de vosotros no obtendrá otro tanto? Con esto me despido, que, igual que he muerto a mi mejor amigo por la salvación de Roma, tengo el mismo puñal para mí propio cuando plazca a mi patria necesitar mi muerte.

TODOS. - ¡Viva Bruto! ¡Viva, viva!

CIUDADANO PRIMERO. - ¡Conduzcámosle en triunfo hasta su casa!

CIUDADANO SEGUNDO. - Erijámosle fina estatua, como a sus antepasados.

CIUDADANO TERCERO. - ¡Nombrémosle César!

CIUDADANO CUARTO. - ¡Lo mejor de César será coronado en Bruto!

CIUDADANO PRIMERO. - ¡Llevémosle a su casa entre vítores y aclamaciones!

BRUTO. - ¡Compatriotas!...

CIUDADANO SEGUNDO. - ¡Callad! ¡Silencio! Habla Bruto.

CIUDADANO PRIMERO. - ¡Callad, eh!

BRUTO. - Queridos compatriotas, dejadme marchar solo, y en obsequio mío, quedaos aquí con Antonio. Honrad el cadáver de César y oíd la apología de sus glorias, que, con nuestro beneplácito, pronunciará Antonio. ¡Os suplico que nadie, excepto yo, se aleje de aquí hasta que Antonio haya hablado! (Sale.)


Fuente: Shakespeare, William. Romeo y Julieta/Julio César. Editorial Bruguera

El Gran Dictador (1940) de Chaplin. Discurso del barbero judío.


“Realmente lo siento, pero no aspiro a ser emperador. Eso no es para mí. No pretendo regentar, ni conquistar nada de nada. Me gustaría ayudar en lo posible a cristianos y judíos, negros y blancos. Todos tenemos el deseo de ayudarnos mutuamente. La gente civilizada es así. Queremos vivir de nuestra dicha mutua...no de nuestra mutua desdicha. No queremos despreciarnos y odiarnos mutuamente.

En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede garantizar la subsistencia de todos. El camino de la vida puede ser libre y magnífico, pero hemos perdido ese camino. La voracidad ha envenenado el alma de los hombres, ha rodeado el mundo con un círculo de odio y nos ha hecho entrar marcando el paso de la oca en la miseria y en la sangre. Hemos mejorado la velocidad pero somos esclavos de ella. La mecanización que trae consigo la abundancia nos ha alejado del deseo. Nuestra ciencia nos ha vuelto cínicos. Nuestra inteligencia, duros y brutales. Pensamos en exceso y no sentimos bastante. Tenemos más necesidad de espíritu humanitario que de mecanización.

Necesitamos más la amabilidad y la cortesía que la inteligencia. Sin estas cualidades la vida solo puede ser violenta y todo estará perdido. La aviación y la radio nos han acercado los unos a los otros. La naturaleza misma de estos inventos requería la bondad del hombre y reclamaba una fraternidad universal para la unión de todos.

En este momento mi voz llega a miles de seres esparcidos por el mundo. A aquellos que puedan comprenderle les digo: no desesperéis, la desgracia que ha caído sobre nosotros no es más que el resultado de un apetito feroz, de la amargura de unos hombres que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y los dictadores perecerán, y el poder que han usurpado al pueblo volverá al pueblo. ¡Y mientras existan hombres que sepan morir, la libertad no podrá perecer! Soldados, no os entreguéis a esos brutos...hombres que os desprecian y os tratan como esclavos, hombres que regimientan vuestras vidas, imponen vuestros actos, vuestros pensamientos y vuestros sentimientos; que os amaestran, os hacen ayunar, os tratan como ganado y ¡os utilizan como carne de cañón!.No os pongáis en manos de esos hombres contra natura, de esos hombres-máquina con corazones de máquina. ¡Vosotros no sois máquinas!¡Vosotros no sois ganado!¡Vosotros sois hombres!¡Vosotros lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones! No odiéis. Sólo los que no son amados odian. Los que no son amados y los anormales....Soldados, ¡no combatáis por la esclavitud! Combatid por la libertad. En el capítulo 17 del evangelio según San Lucas está escrito: "El reino de Dios está en el hombre mismo". No en un solo hombre, ni en un grupo de hombres, ¡en todos los hombres! Y ¡vosotros! Vosotros, el pueblo tenéis el poder para crear máquinas. El poder para crear la felicidad.

Vosotros el pueblo tenéis el poder para crear esa vida libre y espléndida...para hacer de esa vida una radiante aventura. Entonces, en nombre de la democracia, utilicemos ese poder...¡unámonos todos! Luchemos por un nuevo mundo, un mundo limpio que ofrezca a todos la posibilidad de trabajar, que de a la juventud un porvenir y resguarde a los ancianos de la necesidad, prometiendo estas cosas gente ambiciosa se ha hecho con el poder, pero ¡han mentido! No han mantenido sus promesas, ¡ni las mantendrán jamás! Los dictadores se han liberado pero han domesticado al pueblo. Combatamos ahora para que se cumpla esa promesa. Combatamos por un mundo equilibrado...un mundo de ciencia en el que el Progreso lleve a todos a la felicidad. ¡Soldados! en nombre de la democracia, ¡unámonos!”.


  • Fuente original. Charlie Chaplin, El Gran Dictador, 1940